martes 25 de noviembre de 2008

La codependencia puede combatirse desde numerosos frentes y utilizando diversas herramientas. Cada uno de nosotros, a nivel personal, debe decidir cómo hacer frente a nuestros desafíos emocionales. Una de estas herramientas es la terapia individual o de grupo, provista por un especialista en temas psicológicos, o en el marco de ofertas como Codependientes Anonimos, Al-Anón, u otros similares. La terapia puede ser una forma para reforzar nuestros procesos personales de mejoramiento diario.

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Esta jornada será una oportunidad para reflexionar acerca de la posibilidad de acudir  alguna oferta de terapia individual o grupal que apoye mi proceso de sanación. La decisión de acudir a terapia deberá sustentarse en mi compromiso irenunciable con mi estabilidad emocional.

miércoles 12 de noviembre de 2008

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La vida es compleja, y cotidianamente nos presenta desafíos. Los enfermos emocionales muchas veces somos como niños pequeños ante estos desafíos: queremos que todo en nuestra vida nos fuera provechoso, que cada experiencia se convirtiera de acuerdo a nuestros propósitos y opiniones, quisiéramos controlarlo todo, verlo todo, tener cada detalle de nuestra vida bajo nuestra decisión.

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Hoy me concentraré en la idea de que a lo único que realmente puedo controlar es a mi persona, y que todo lo demás sigue su propio curso, sus propias reglas, sobre todo en cuanto a las personas, que para mi son ingobernables. Reflexionaré acerca de que ya mi responsabilidad es lo suficientemente grande para lidiar conmigo mismo, para además tratar de controlar mi mundo. Aceptaré con madurez que hay cosas que no puedo cambiar.

El primer paso para avanzar en nuestro proceso de recuperacion y sanación del desafío de la codependencia es admitir que la dependencia emocional me había llevado a un estado en el que me sentía impotente con los demás y que había perdido el control de mi vida. Ante esa indefensión nuestro único asidero es encontrarnos con nuestro Poder Superior, y dejar en Sus manos el control de nuestra vida. Si realmente damos este paso, es iprescindible para nuestra vida cotidiana dedicar un momento cada día para encontrar el diálogo con nuestro Poder Superior, y actuar en consecuencia.

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Este día tendré un momento de encuentro con mi poder superior, y me reconoceré como un instrumento Suyo en el complejo devenir. Encargaré mis asuntos a sus manos y a su sabiduría, y actuaré en concordancia con esta idea. Su presencia será para mi la guía, antes que mis emociones.

Nuestra lucha contra la codependencia, contra nuestros demonios, a menudo nos ciega, nos intranquiliza, nos pone histéricos, consume nuestras fuerzas y nuestro aliento; celosamente nos impide dedicar nuestro talento, nuestros sentido y nuestro ser a otra cosa que no sea relacionarnos patológicamente, expresar nuestros celos enfermizos, sentirnos menos, autocompadecernos. Una ventana hacia la sanación en este estado de cosas es desarrollar nuestras habilidades contemplativas del mundo que nos rodea, especialmente de las cosas buenas que la vida nos brinda en el camino.

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Este día haré un alto para reflexionar acerca de las cosas positivas que están presentes en mi existencia, para reflexionar ante el hecho de que nuestra existencia etá hecha de claroscuros, y de la necesidad de contar con la madurez para apreciar ambas caras de la moneda, y de entenderla y aceptarla como tal.

La inmadurez que muchas veces nos acompaña a los codependientes y la propia naturaleza de los seres humanos nos hace con mucha frecuencias vernos como víctimas perennes, como los menos fvorecidos por la suerte. Como nacidos para perder. Vemos la vida desde una posición egoísta y egocéntrica, tomándonos demasiado en serio, siendo ciegos al sufrimiento que nos acompaña.

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Este día será una oportunidad personal para desarrollar mi capacidad de observar los milagros que me rodean, y para volverme sensible ante el sufrimiento de los demás, de mis seres queridos, de mi prójimo, que hace relativo mi propio surfimiento y que me permite comprender la naturaleza humana a mayor profundidad. Este proceso me permitirá empatizar en comunión profunda con mis semejantes

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Transitamos por la vida paso a paso, minuto a minuto. Cada evento en su lugar temporal, cada cosa a su tiempo. Las relaciones humanas y nuestra codependencia siguen los mismos ritmos, las mismas cadencias, y por ello es en la vida cotidiana en la que a base de detalles, de pequeñas cosas que nos pasan, se hace presente y poco a poco se enseñorea de nuestras relaciones, de nosotros mismos. Cada elemento cotidiano que vivimos es una oportunidad de decidir sobre nuestros propios actos, y es importante que por pequeño que sea cada elemento de nuestra vida diaria, tomemos las decisiones correctas, alejándonos de la codependencia paso a pasito.

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Durante esta jornada tomaré las decisiones correctas, no permitiré que ningún detalle de mi vida cotidiana me acerque a las garras de la codenendencia. Hoy voy a avanzar hacia la conquista de mi dignidad a partir de coraje y decisión.

En nuestro proceso de lucha contra la codependencia, es fundamental hacer un alto cotidiano e identificar los avances que vamos logrando en la forma en la que nos relacionamos con los demás, en nuestro proceso de reconquista de nuestro libre albedrío y en la lucha por nuestra dignidad. En la medida en que reconocamos nuestros propios pasos hacia adelante estaremos en condiciones de hacerlos permanentes.

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Hoy haré un alto en el vértigo de mi trabajo y de mis obligaciones para reflexionar acerca de mis progresos en el enfrentamiento con la codependencia. centraré mi proceso de reflexión en buscar formas para que esos avances se conviertan en realidades duraderas, que se integren a mi vida personal de cada día.

jueves 6 de noviembre de 2008

La forma en la que la copdependencia se hace presenteen nuestras vida genera que las primeras víctimas -además de nosotros mismos- de este desafío sean nuestros familiares, las personas a quienes tenemos más cerca y para quienes nosotros somos importantes. Esto mismo hace que nuestros familiares se conviertan en nuestros acompañantes en nuestro proceso de sanación, pero ¡ojo! no hay que olvidar que cada uno de nosotros somos los principales y únicos responsables de dicho proceso de mejoramiento. Solamente en nuestras manos está esa responsabilidad, debemos enfrentarla en toda su dimensión.
Por ello es importante que hablemos con nuestros seres queridos acerca del tema de la codependencia, para hacerlos partícipes de ese proceso, pero sin descargar ninguna de nuestras responsabilidades de sanación sobre sus hombros. Ello en el espíritu de los pasos 8 y 9 del proceso de recuperación de la codependencia:

 8. Hicimos una lista de todas aquellas personas a quienes habíamos herido y estuvimos dispuestos a reparar el daño que les habíamos acusado
9. Reparamos directamente el daño causado a los demás, siempre que nos fue posible, excepto cuando el hacerlo implicaba perjuicio para ellos o para otras personas.




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Este día me concentraré en cumplir con los pasos ocho y nueve de mi proceso de recuperación, cuidando que mi proceso de sanación se refleje en el establecimiento de relaciones interpersonales más sanas con las personas que me importan, especialmente aquellas que forman parte de mi familia. Emprenderé este camino en el entendido de que el transitar por un proceso para enfrentar la codependencia no es disculpa para ninguna transgresión a mi nuevo estilo de vida sano e independiente, y de que tengo la fuerte responsabilidad de portarme bien, de manera madura y a la altura de las circunstancias de mi desafío personal.

miércoles 5 de noviembre de 2008

Una de las dimensiones más profundas y difíciles de enfrentar de los problemas de codependencia son los celos. En el afán de controlar a nuestra pareja o a la persona sobre la que depositamos nuestra obsesión sufrimos ataques terribles de celos por motivos casi siempre ficticios o sobredimensionados. Vemos la posibilidad de la soledad como un destino peor que la muerte; no podemos concebirnos de manera independiente, debido a la pérdida terrible de autoestima que enfrentamos.
Es fundamental para nuestro proceso de sanación enfrentar a la vida de forma madura y responsable, concebirnos como seres valiosos e independientes, y en la búsqueda del amor sano, de las relaciones sanas y respetuosas de la dignidad del otro pero también de la propia, en un marco de confianza.

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Hoy analizaré con frialdad mis sentimientos de celos. Me concentraré en el hecho de que el amar es un ejercicio de DEJAR EN PAZ al otro, de permitirle vivir sus propios procesos, de abandonar el intento vano de controlar todas sus acciones, en el entendido de que la única persona que realmente podemos controlar somos nosotros mismos.

La vida es un desafío constante. En múltiles formas y dimensiones nuestro tránsito por cada día nos reserva pruebas, tragos amargos, sinsabores, pequeñas o grandes tragedias que hay que enfrentar. Para muchos de nosotros los más tristes momentos y problemas han tenido que ver con la codependencia y sus impactos en nuestra vida y nuestra personalidad.
Sin importar la naturaleza o magnitud de esos problemas, es necesario tener en cuenta que nuestro destino en esta vida es ser felices, encontrar la plenitud de nuestro existir a través de estados emocionales de alegría y gozo: estamos en esta vida para ser felices y para convertirnos en fuentes que irradian alegría y estabilidad hacia las personas que nos rodean.

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Durante esta jornada voy a reflexionar acerca de mi vocación para la felicidad, acerca del hecho de que sin importar el tamaño y la profundidad de mis sufrimientos y de las pruebas que la vida me ha reservado y las que seguramente enfrentaré en el futuro, estoy convocado a ser feliz, y hacia ese propósito dirigiré mis acciones.

martes 4 de noviembre de 2008

Para los codependientes a menudo la perspectiva de la muerte adquiere dimensiones distorsionadas, condicionadas por el lente empañado de nuestra incapacidad para relacionarnos sanamente. Así la muerte de los otros, de quienes nos rodean, aparece a menudo condicionada por nuestro infantilismo, por nuestra puerlidad, sujeta a los caprichos de nuestros vaivenes emocionales. Otra dimensión de la muerte es la propia, que se percibe igualmente distorsionada.
Como en muchas otras dimensiones de nuestra vida, es necesario avanzar hacia una comprensión de la muerte como un proceso complejo pero integral, como una de las partes más importantes que constituyen la experiencia del ser humano; es recomendable acercarse a la muerte esgrimiendo recursos espirituales para poder sujetarnos a una visión holística de ese proceso.

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Este día voy a reflexionar acerca de la muerte y de sus implicaciones para mi persona. Meditaré acerca del hecho de que se trata de un evento inevitable y que forma parte integral de la experiencia humana. Avanzaré en mi proceso de reflexión acerca de la muerte para comprenderla mejor y dar un paso más hacia mi paz interior.

Uno de los retos más difíciles para muchos codependientes tiene que ver con el hecho de que nuestra conducta patológica, al verse sujeta a un proceso de recuperación, busca otros caminos para expresarse. Uno de ellos es el tema de la procastinación, que significa dejar las cosas hasta el final, no hacer lo que nos toca, ignorar nuestras responsabilidades; en muchas otras ocasiones la procastinación es un síntoma más de nuestra codependencia.

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Este día no permitiré que la flojera, la apatía, el miedo u otros sentimientos negativos me impidan cumplir con mis responsabilidades profesionales, familiares y personales. Hoy voy a ser más fuerte que esos impulsos de no trabajar, de ignorar los problemas que me rodean, y tomaré al toro por los cuernos, enfrentando los desafíos que la vida me presente.

sábado 1 de noviembre de 2008

El matrimonio es una realidad compleja y multidimensional, en la que dos personas comparten sus vidas, sus rutinas, sus proyectos de vida. Es un arreglo emocional pero al mismo tiempo legal, económico y cultural, que debe regirse por el respeto mutuo, la comprensión y la tolerancia. A pesar de eso es justo en el matrimonio el espacio en el que nuestra codependencia emerge, contaminando las formas en las que nos relacionamos.

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El día de hoy voy a concentrarme en actuar para que la relación que tengo con mi pareja esté exenta de formas codependientes de relacionarnos. Voy a avanzar hacia mi paz interior dejando en paz al otro o a la otra, respetándole, dándole su tiempo y su espacio. Voy a convertirme en defensor a ultranza de mi dignidad pero también en el principal impulsor del respeto a la suya.

viernes 31 de octubre de 2008

La codependencia casi siempre se forja en la infancia, en la manera en la que nos relacionamos con nuestros padres, o en la que ellos mismos establecieron sus relaciones interpersonales frente a nosotros. No son pocas las ocasiones en las que un problema de dependencia emocional tiene su origen en la presencia en casa de un enfermo alcohólico o con problemas por el uso de drogas, o de un codependiente. Todos ellos son padecimientos que llevan amarrado el halo de la dependencia emocional.
Naturalmente que no es posible echar la culpa directamente a nuestros padres por nuestros problemas emocionales presentes. Ellos son seres humanos igual que nosotros, con sus claroscuros, con sus propios procesos de vida, y que la mayoría de las veces hicieron lo mejor que pudieron para nosotros; sin embargo es importante que nuestro proceso de sanación incluya ejercicios de introspección para encontrar las raíces de nuestra forma destructiva de plantear las relaciones humanas; ejercicios que deberán llegar hasta la profundidad de nuestros recuerdos más lejanos, para poder comprender mejor la naturaleza de nuestro desafío.

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Hoy voy a dedicar un momento en mi día para realizar un ejercicio de introspección acerca de mi experiencia como niño para buscar las raíces de mi dependencia emocional, para entender cómo fueron las formas en las que se me enseñó a relacionarme con os demás, para poder identificar los procesos patológicos de mis relaciones desde su inicio.

jueves 30 de octubre de 2008

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El ser papá o mamá de un niño o niña implica una responsabilidad muy grande. Se trata de enfrentar el reto de atender las necesidades básicas de los chicos cuando van creciendo, pero al mismo tiempo servir como guías y ejemplos de vida para ellos sin enfrentarlos ni contaminarlos con nuestros defectos de carácter, con nuestras debilidades. se trata de encaminarlos por la vida para que sean exitosos, felices, plenos. Los codependientes tendemos a enfermar nuestras relaciones, sobre todo las que sostenemos con nuestros hijos, y esto tiene lógica: ¡cuántos de nosotros encontramos en nuestro pasado una mamá o un papá codependiente! en todo caso no se trata de buscar cupables, sino de mirar hacia el futuro, hacia nuestro compromiso ineludible de ser un papá o una mamá emocionalmente sanos.

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Este día trabajaré hacia el establecimiento de relaciones interpersonales con mis hijos marcadas por el respeto, el amor y el interés en su estabilidad emocional. Por ningun motivo permitiré que mi dependencia emocional se haga presente en mis relaciones con ellos, al contrario, estaré atento a cualquier señal de emociones enfermizas para dejarlas de lado.

martes 28 de octubre de 2008

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Las personas somos seres complejos, y llevamos dicha complejidad a todas partes. Así las personas que enfrentamos el reto de la codependencia a menudo vemos cómo este desafío nos plantea dificultades en el área laboral, sobre todo si nos desempeñamos en algun espacio en el que tengamos que relacionarnos con otras personas. Las mismas formas nocivas de relacionarnos que buscamos con nuestra pareja o familiares tienden a hacerse presentes en nuestras relaciones laborales, con consecuencias nefastas si no lo detenemos a tiempo.

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Hoy reflexionaré acerca de que mi trabajo es una posibilidad más que la vida me da para hacer las cosas bien, para realizarme como ser humano, para alcanzar la felicidad, para abrir las alas de mi creatividad, de mis potencialidades, es un reto constante que me hace ser mejor. Meditaré además que las relaciones interpersonales que mantengo en el trabajo deben ser sanas, sin la presencia de las tendencias controladoras, destructivas o dependientes que caracterizan a los codependientes, y que en todo momento deberé guardar una actitud de respeto, tolerancia y empatía con quienes me rodean.

A menudo cuando nuestra codependencia nos lleva a vivir problemas en nuestra vida cotidiana pensamos que la condición de codependiente no tiene remedio, que nacimos para sufrir, que nuestro caso es excepcional puesto que todo nos sale mal. En realidad la codependencia emocional que enfrentamos hace difícil la vida, sobre todo si no somos parte de procesos de reflexión y curación al respecto, pero es importante tener clara la idea de que la sanación paulatina de este desafío es posible y necesaria, ya que no hay otra forma de vivir nuestra vida más que aferrados al compromiso ineludible e irrenunciable que cada uno de nosotros tenemos de ser felices.

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Hoy reflexionaré acerca de la idea de que no importa el tamaño y la naturaleza de las adversidades que la vida me ponga en el camino, no voy a renunciar a mi compromiso con mi propia sanación emocional, puesto que dicho proceso de recuperación es mi única vía para disfrutar de la vida y de realizarme como ser humano. La conciencia de que la sanación de la codependencia emocional es posible, es un requisito indispensable para luchar contra mi propio estado enfermo; tengo que estar convencido de que puedo mejorar, si no me estaré poniendo yo mismo barreras infranqueables para avanzar en mi proceso de recuperación. NADA NI NADIE DESTRUIRÁ MI COMPROMISO PARA SER FELIZ.

lunes 27 de octubre de 2008

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Independientemente de las pruebas que la vida nos pone en el camino, los seres humanos estamos destinados a ser felices. Esa es nuestra vocación, para eso nacimos, para buscar y encontrar la felicidad, que no es el tener muchos bienes o dinero, ni alcanzar posiciones elevadas. La felicidad es diferente para cada persona y consiste en encontrar la paz interior que nos permite disfrutar de nuestro camino por la existencia.

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Este día reflexionaré acerca de que aunque el camino por la vida me presente dificultades, mi destino es ser feliz, encontrar la paz conmigo mismo y convertirme en un foco de felicidad para quienes me rodean; no porque sus sentimientos y emociones sean mi responsabilidad, sino porque durante mucho tiempo he sido lo contrario, una fuente de problemas y lágrimas para quienes se preocupan por mí y me quieren. No puedo cargar siempre con ese lastre, y lo dejaré tranquilamente para continuar mi camino por la vida en libertad.